Perfeccionismo y ANSIEDAD en niños y adolescentes

La ansiedad y la depresión se encuentran entre las formas más comunes y comórbidas de psicopatología pero, ¿cuáles son los factores que contribuyen a su inicio y posterior mantenimiento?. Sabemos por las investigaciones que uno de esos factores es el perfeccionismo, definido como la tendencia a mantener estándares, metas y expectativas muy altos sobre uno mismo (Flett y Hewitt, 2002), siendo excesivamente autocríticos y con una baja satisfacción con respecto a las actuaciones propias. Existen evidencias que apoyan la consideración del perfeccionismo como un factor transdiagnóstico asociado a diversas formas de psicopatología como la depresión, la ansiedad social, la preocupación desadaptativa o las obsesiones (Limburg, Watson, Hagger y Egan, 2017).

Por su parte, Rossellini, Brown y Osma (2019) describen otros dos factores, además del perfeccionismo, como factores transdiagnósticos con respaldo científico:

1.- Intolerancia a la incertidumbre, que es la tendencia a tener reacciones cognitivas y emocionales negativas respecto a situaciones o sucesos inciertos y se asocia a los síntomas de la depresión, TOC, ansiedad generalizada y ansiedad social.

2.- La preocupación, la rumiación y la sensibilidad a la ansiedad. Las dos primeras las explicaré más adelante y la última sería la creencia sobre la peligrosidad de los síntomas de ansiedad (por la sensación de ahogo, el mareo, la aceleración del pulso, etc).

Otros autores como Serpell y sus colaboradores, han argumentado que hay tres facetas que subyacen a los rasgos del perfeccionismo:

  • Marcarse estándares excesivamente altos, lo que genera una autoimagen pobre al no ser capaz de cumplir unos objetivos que no son razonables. Esto se considera disfuncional desde un punto de vista de la salud mental.
  • La persistencia entendida como la capacidad de mantener un comportamiento en un intento de alcanzar una meta, incluso cuando la tarea es difícil o lleva mucho tiempo.
  • Y la perseveración o tendencia a continuar un comportamiento o pensamiento particular, incluso cuando deja de ser eficaz o gratificante.

Los procesos de pensamiento perseverantes se definen como pensamiento negativo repetitivo (Ehring et al., 2011) o perseveración cognitiva (Flett et al., 2016) y es uno de los signos que observamos habitualmente al realizar una evaluación en casos de sospecha de un posible trastorno de diversa índole. Considerando la literatura, la perseverancia parece ser clave para entender la relación entre las creencias metacognitivas «defectuosas» (tanto positivas como negativas en el modelo metacognitivo de Wells) y la ansiedad y la depresión. Así mismo, los individuos con altos niveles de perfeccionismo han demostrado ser más propensos a tener ese tipo de metacogniciones por su disposición a controlar y evitar fallas (Macedo et al., 2014).

También se ha encontrado que los niveles elevados de perfeccionismo desadaptativo están asociados con un mayor riesgo de suicidio en poblaciones adultas (Chang, 2000). En otra entrada abordé la PREVENCIÓN DEL SUICIDIO EN NIÑOS Y ADOLESCENTES 🔍 .

En este punto es importante diferenciar la preocupación de la rumia. La primera se dirige hacia el futuro, anticipando las amenazas que sólo el sujeto percibe como tales; se utiliza para intentar evitar un problema o tratar de resolverlo, pero mediante predicciones ansiosas y temores sobre posibles eventos negativos, con lo cual se considera como un síntoma nuclear de la ansiedad generalizada. La rumia, en cambio, se caracteriza por estar orientada al pasado y se ha considerado el criterio central para los síntomas depresivos (Borkovec et al., 1998; Wells y Papageorgiou, 2004; de Jong-Meyer et al., 2009 ).

El propio Macedo y sus colaboradoras señalan que los esfuerzos repetitivos para evitar los pensamientos negativos a menudo aumentan los comportamientos de perseverancia, desarrollando aún más la creencia de que el pensamiento negativo repetitivo es incontrolable o dañino, y así mantener los comportamientos asociados, incluso cuando ya no son funcionales. Los comportamientos de perseverancia desadaptativa operan en conjunto con la preocupación y la rumia (Kannis-Dymand et al., 2020).

A nivel conductual solemos observar, tanto en niños como en adolescentes, conductas de evitación. En ocasiones tratan de no exponerse a situaciones concretas o bien puede estar referido a experiencias negativas internas como recuerdos, emociones y sensaciones físicas. Por si no sabes que esto es algo extremadamente complejo de llevar a cabo, echa un vistazo a los experimentos sobre supresión del pensamiento de Daniel M. Wegner.

Desarrollo cognitivo y ansiedad

Para que un individuo se preocupe, se requieren dos habilidades cognitivas: la capacidad de anticipar eventos futuros y la de poder ir más allá de lo que es directamente observable.

  • Es probable que los niños pequeños, incluso en edad preescolar, puedan tener la capacidad cognitiva para preocuparse ya que es difícil que generen alternativas de respuesta y pueden considerar tan sólo una solución ante un problema y verla como única.
  • Durante la infancia media, la capacidad de predecir resultados futuros se vuelve más compleja, y los niños pueden considerar un rango de diferentes posibilidades utilizando el razonamiento deductivo.
  • En la adolescencia, con un pensamiento cada vez más abstracto, existe la capacidad de considerar posibles múltiples resultados negativos y desarrollarlos.

Esto lo puedes encontrar en varias investigaciones de Vasey, pero te dejo esta donde explora el impacto del desarrollo cognitivo en la conceptualización de la amenaza, las imágenes y la representación de la misma, el desarrollo del autoconcepto y el contenido de la preocupación, y la metacognición y déficits y distorsiones cognitivas.

Parece, entonces, que la maduración cognitiva puede permitir una mayor capacidad de predecir y elaborar posibles resultados amenazantes, que a su vez pueden estar asociados con una mayor aptitud o disposición para la preocupación. Sin embargo, la maduración cognitiva por sí sola no puede explicar el desarrollo de la preocupación patológica. La relación entre la maduración cognitiva y la metacognición es clave, pero esto lo dejo para otra entrada.

Preocupación excesiva y DESADAPTATIVA en niños y adolescentes

La preocupación es un fenómeno común en los niños y los adolescentes, pero algunos experimentan preocupaciones excesivas que causan angustia e interferencia significativas en su vida diaria. ¿A qué nos referimos cuando hablamos de preocupación? A una cadena de pensamientos e imágenes con efectos negativos y relativamente incontrolables (Borkovec et al. 1983) o a un proceso cognitivo anticipatorio que implica pensamientos repetitivos (sobre todo verbales), relacionados con posibles resultados amenazantes y sus posibles consecuencias (Vasey y Daleiden, 1994).

A menudo leemos o escuchamos en los medios de comunicación, asociaciones y profesionales varios, que los niños con una Alta Eficiencia Cognitiva son muy sensibles (a partir de ahí se crea un fenómeno sin sustento científico ninguno como es el PAS o «personas altamente sensibles» ☢️📢🛑⚠️, sobre lo cual no vas a encontrar estudios serios) porque se preocupan por temas que no les corresponden por edad (así se describe tanto en libros como en informes) como pueden ser cuestiones económicas, sociales, morales, etc.

El problema es que parecen obviar que tanto los niños en la pubertad (10-13 años) como los adolescentes con un Trastorno de Ansiedad Generalizada o bien aquellos que tengan síntomas sin que estos se hayan consolidado aún (tengan altas capacidades o no, trastornos del neurodesarrollo o no, sean altos/bajos/rubios/morenos/suecos o colombianos), se preocupan excesivamente por una serie de cuestiones como su salud y la de los demás, la escuela, el daño personal, su familia, la muerte, lo que otros piensan, y cuestiones sociales más amplias, como la falta de vivienda (Weems et al. 2000). Además de esto, la preocupación también es una característica de otros trastornos como el trastorno de ansiedad por separación y la fobia social.

El desarrollo cognitivo conduce a una mayor elaboración de preocupaciones y eso aumenta la posibilidad de que surja una preocupación personal, pero serán la frecuencia, duración e intensidad junto con la rumia y la perseveración las que nos indiquen si estamos ante un problema o bien frente a un niño o adolescente que simplemente reflexiona sobre el mundo.

Hay diferencias basadas en la edad en la presentación de la preocupación, con estudios que indican que los niños mayores se preocupan más que los más pequeños y que los síntomas de ansiedad y preocupación excesiva a lo largo de la adolescencia son un factor de riesgo para el desarrollo de trastornos de ansiedad en la edad adulta (Pine et al. 1998). Además de esto, Barlow (2002) sugiere que a medida que la ansiedad aumenta y se vuelve más crónica, también lo hace la preocupación, hasta que ambos alcanzan un nivel patológico.

Flett y Hewitt, citados al inicio de esta entrada, escribieron un libro sobre la naturaleza del perfeccionismo y, en concreto, sobre el perfeccionismo desadaptativo, sintetizando toda la investigación hasta ese momento. Barlow, por su parte, identifica las características centrales de la ansiedad e integra conocimientos sobre Psicología del Desarrollo y Psicología del Aprendizaje, Neurociencia Cognitiva, y habla sobre los trastornos emocionales, su etiología, evaluación y tratamiento.

Cuando el perfeccionismo es POSITIVO

Aunque la investigación suele centrarse en los aspectos negativos del perfeccionismo, algunos autores conceptualizan esta variable con dos dimensiones: una adaptativa y otra desadaptativa. Parece que los análisis factoriales revelan que prácticamente cualquier medida de perfeccionismo refleja esas dos formas básicas (Stoeber & Otto, 2006) que también son denominadas como <esfuerzos perfeccionistas> y <preocupaciones perfeccionistas>, respectivamente.

No obstante, otros investigaciones como los mencionadoss Flett y Hewitt han expresado dudas sobre que el perfeccionismo pueda ser en alguna medida saludable, positivo o adaptativo.

En un estudio con alumnos de Psicología quisieron evaluar las distintas asociaciones de las dos dimensiones con medidas de bienestar psicológico, satisfacción con la vida y el estado de ánimo. Para entender bien qué trataban de medir, necesitamos saber qué se entiende por cada uno de estos indicadores:

  • El bienestar psicológico se refiere al sentido de propósito y dirección, la autorrealización y el logro de relaciones satisfactorias teniendo en cuenta, a su vez, seis dimensiones: autonomía, dominio ambiental, crecimiento personal, relaciones positivas con los demás, propósito en la vida y autoaceptación (Ryff, 1989).
  • La satisfacción con la vida se refiere a un proceso de juicio en el que los individuos evalúan la calidad de sus vidas sobre la base de su propio conjunto único de criterios (Pavot & Diener, 1993).
  • El afecto sería la experiencia positiva Vs. negativa en aspectos relacionadas con el cariño, la estima, el aprecio, la amistad, la ternura, el amor, etc. (Ryff, 1989).

Por los resultados, aunque se necesita aún mucha investigación sobre este tema, el esfuerzo perfeccionista incluye dimensiones adaptativas como el empeño por la excelencia, la organización, la planificación y tener altos estándares para los demás. Esta concepción parece mostrar una fuerte asociación con una evaluación multidimensional del bienestar psicológico y también se asoció positivamente con la satisfacción con la vida.

El esfuerzo perfeccionista también estaba fuertemente asociado con el estado de ánimo positivo, e inversamente asociado con el estado de ánimo negativo. Las escalas del estado de ánimo midieron tanto la dimensión del afecto de valencia (agradable Vs. estado de ánimo desagradable) como la dimensión del afecto de excitación (activación Vs. desactivación) y los datos parecen demostrar que hay una fuerte asociación con los resultados psicológicos positivos que implican afecto.

Con respecto al perfeccionismo desadaptativo o preocupaciones perfeccionistas, incluye preocupación por errores, necesidad de aprobación, rumia y la presión parental percibida. Los resultados de esta investigación revelaron fuertes asociaciones negativas con los indicadores de bienestar psicológico, satisfacción de la vida y estado de ánimo positivo.

Estas dimensiones del perfeccionismo implican experimentar ansiedad por hacer las cosas incorrectamente, no cumplir con los estándares, ser juzgado por otros y preocuparse por el rendimiento. Los resultados proporcionan evidencia de que estos comportamientos perfeccionistas pueden ser desadaptativos.

En consulta, cuando ves niños y adolescentes durante años y conoces bien su historia de desarrollo y creas un vínculo fuerte y seguro, eres capaz de distinguir cuándo ese perfeccionismo que muestran está limitándolos en vez de potenciando sus capacidades y es ahí cuando hay que intervenir.

Intervención Psicoeducativa en niños y adolescentes con un PERFECCIONISMO DESADAPTATIVO

Si, como vimos en las investigaciones previas, el esfuerzo perfeccionista está asociado a resultados psicológicos positivos, una intervención puede estar dirigida hacia aquellos menores que reportan niveles bajos de bienestar psicológico, satisfacción en la vida y afectos positivos como medida preventiva que evite el desarrollo de trastornos emocionales en la etapa adulta.

Una intervención que promueva los procesos cognitivos implicados en el desarrollo de una mayor organización y planificación, al tiempo que alientan el desarrollo de normas internalizadas para el logro, podría estar asociado con mejores resultados psicológicos positivos. En otra entrada ya hablé sobre la METACOGNICIÓN 🔍 y la mejora del rendimiento académico.

Los niños y adolescentes que experimentan altos niveles de perfeccionismo desadaptativo pueden beneficiarse también de intervenciones diseñadas para reducir su tendencia a preocuparse por los errores, la perseveración, la intolerancia a la incertidumbre o las conductas de evitación mientras se trabajan formas positivas de afrontamiento de los problemas, sin olvidarnos de las altas expectativas (y presión) que algunas progenitores ejercen sobre sus hijos.

Por último, añadir que en el caso de menores con Alta Eficiencia Cognitiva no se debe caer en el error de pensar «es que estos niños son así» o que «tienen un perfil socioemocional determinado», como vemos y oímos afirmar a algunos profesionales de distintas disciplinas, mayoritariamente desde el ámbito educativo, pero también médico e incluso psicológico.

J_Argüeso

error: Cuesta mucho trabajo formarse