Prevenci√≥n en salud mental, el arma mejor ¬ŅGUARDADA?

Los comportamientos de riesgo para la salud que contribuyen a las principales causas de morbilidad y mortalidad entre j√≥venes y adultos, a menudo se establecen durante la ni√Īez y la adolescencia, se extienden hasta la edad adulta, est√°n interrelacionados y se pueden prevenir (CDC, 2007).

Las decisiones sobre c√≥mo y cu√°ndo intervenir podr√≠an conducir a diferentes resultados, efectos secundarios y maneras distintas de abordar los problemas dentro de las culturas y entornos, por eso la prevenci√≥n ha adoptado un enfoque de desarrollo, centrado en los ni√Īos y los adolescentes, a fin de facilitar trayectorias que den resultados positivos.

El Consejo Nacional de Investigaci√≥n e Instituto de Medicina, incorpor√≥ en 2009 la promoci√≥n de la salud mental. Con esta perspectiva en mente, ese mismo a√Īo se celebr√≥ la Cumbre Presidencial sobre ‘El futuro de la pr√°ctica en Psicolog√≠a’, donde se hizo √©nfasis en cinco cuestiones (Eby, Chin, Rollock, Schwartz, & Worell, 2011):

  • La importancia de la investigaci√≥n y evaluaci√≥n como marca identitaria de nuestro profesi√≥n.
  • La necesidad de desarrollar una ¬ęmedicina¬Ľ del comportamiento.
  • Apostar por la neuropsicolog√≠a.
  • Colaborar con los psic√≥logos especialistas en educaci√≥n.
  • Establecer unos requisitos de responsabilidad y est√°ndares en la capacitaci√≥n profesional.

Dentro de este Consejo, el Comit√© de Prevenci√≥n de Trastornos Mentales y Uso Indebido de Sustancias en Ni√Īos, J√≥venes y Adultos J√≥venes, declar√≥: ¬ęLa incorporaci√≥n de un enfoque de prevenci√≥n requiere el desarrollo de una visi√≥n y atenci√≥n p√ļblicas compartidas a un nivel nacional superior al que existe actualmente¬Ľ.

En Espa√Īa, por ejemplo, en el art√≠culo 43 de nuestra Constituci√≥n, (BOE, 2011) figuran las siguientes disposiciones:

  • Se reconoce el derecho a la protecci√≥n de la salud.
  • Compete a los poderes p√ļblicos organizar y tutelar la salud p√ļblica a trav√©s de medidas preventivas y de las prestaciones y servicios necesarios. La ley establecer√° los derechos y deberes de todos al respecto.
  • Los poderes p√ļblicos fomentar√°n la educaci√≥n sanitaria, la educaci√≥n f√≠sica y el deporte. Asimismo facilitar√°n la adecuada utilizaci√≥n del ocio.

En cambio, LOS PROGRAMAS DE PREVENCI√ďN ūüĒć en salud mental brillan por su ausencia. Las contribuciones y el liderazgo de los psic√≥logos son fundamentales para poner en pr√°ctica un enfoque de prevenci√≥n en el sistema de atenci√≥n de la salud. Mientras en nuestro pa√≠s se establecen ¬ęoficialmente¬Ľ dos √ļnicas figuras de psic√≥logo, el general sanitario y el especialista en psicolog√≠a cl√≠nica [a pesar de haber multitud de profesionales (60%) que no son ni uno ni otro), en Israel existe desde hace 50 a√Īos un Servicio P√ļblico de Psicolog√≠a de la Educaci√≥n’ con m√°s de 250 unidades en la actualidad, incluida asistencia telem√°tica, encargados espec√≠ficamente de la que es la pieza clave de nuestra especialidad: la prevenci√≥n. Estos servicios sirven para combatir la delincuencia, el abandono escolar temprano, el acoso y ciberacoso, el uso abusivo de nuevas tecnolog√≠as, la conductas antisociales, la conducta suicida y un largo etc.

Cómo mejorar nuestra salud mental

La prevenci√≥n ha sido conceptualizada desde los a√Īos sesenta con Caplan a la cabeza (prevenci√≥n primaria, secundaria y terciaria) o Gordon un par de d√©cadas despu√©s (prevenci√≥n universal, selectiva, indicada), pero en el siglo XXI entendemos la prevenci√≥n dentro de un amplio abanico de posibilidades, desde detener un comportamiento problem√°tico para que nunca ocurra a promover pol√≠ticas institucionales, comunitarias y gubernamentales que fomentan el bienestar f√≠sico, social y emocional de la comunidad en general; pasando por retrasar el inicio de dicha conducta problema, reducir el impacto de la misma o bien fortalecer el conocimiento, las actitudes y el tipo de conducta que impulsan el bienestar emocional y f√≠sico (Romano & Hage, 2000).

Numerosos estudios han demostrado que la prevención en salud mental es necesaria y deben/debemos formarnos específicamente en ella:

1.- La evidencia cient√≠fica sugiere que las enfermedades y trastornos ¬ęmentales¬Ľ, est√°n vinculadas a otros problemas cr√≥nicos de salud (Volgelzangs et al., 2008)

2.- Se ha demostrado la eficacia de la prevención para mejorar el funcionamiento humano y reducir el sufrimiento psicológico (Catalano et al., 2002)

3.-Los servicios e intervenciones de prevención contribuyen a promover la salud y el bienestar de las personas, las comunidades y las naciones (OMS, 2008).

4.- La expansión de los servicios preventivos reduce los costos de la atención de la salud mental (Tolan & Dodge, 2005),.

5.- Desde la infancia hasta la edad adulta, el acceso a servicios e intervenciones preventivas es importante para mejorar la calidad de vida y el funcionamiento humano y reducir la enfermedad y la muerte prematura (Grunberg & Klein, 2009).

6.- Las intervenciones tempranas y focalizadas pueden limitar la duración y la gravedad de los síntomas y mejorar el funcionamiento (Durlak, Weissberg, & Pachan, 2010).

7.- Los beneficios de la prevención se han demostrado mediante la reducción de las enfermedades y los comportamientos problemáticos, la mejora del funcionamiento humano y la posibilidad de reducir los costos de la atención de la salud (Durlak, Weissberg, & Pachan, 2010).

Programas de PREVENCI√ďN en Salud Mental para ni√Īos y adolescentes

Los programas de prevenci√≥n deben seleccionarse en base a una cuidadosa revisi√≥n con el objeto de elegir aquellos que est√©n emp√≠ricamente respaldados en su contexto espec√≠fico. Por tanto, los psic√≥logos tienen que mantenerse al d√≠a sobre los resultados m√°s actualizados de la investigaci√≥n y ofrecer as√≠ la mayor garant√≠a seg√ļn la poblaci√≥n y los objetivos identificados.

Dentro del <Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE. UU> nos encontramos con la Administraci√≥n de Servicios de Salud Mental y Abuso de Sustancias, conocida por sus siglas en ingl√©s, SAMHSA, dentro de la cual podemos acudir al ‘Centro de Recursos de Pr√°cticas Basadas en Evidencia’. A lo largo de tan s√≥lo 152 resultados, localizamos una serie de programas preventivos centrados en ni√Īos y adolescentes, como pueden ser:

ūüĒ∂ Aprendizaje socioemocional

ūüĒ∂ Mejora de la salud mental

ūüĒ∂ Ansiedad

ūüĒ∂ Conductas violentas

ūüĒ∂ Abuso de sustancias

ūüĒ∂ Asistencia al estudiante

ūüĒ∂ Pr√°cticas educativas de apoyo

ūüĒ∂ Trastorno del Espectro Alcoh√≥lico Fetal (FASD)

En Espa√Īa, los programas evaluados eficaces son aquellos realizados sistem√°ticamente y que tienen actividades que promueven la capacidad de comunicaci√≥n, la conducta prosocial, la capacidad para resolver conflictos pac√≠ficamente, el desarrollo de valores √©tico-morales, la capacidad de empat√≠a, la autoestima y estima de los dem√°s; la capacidad para identificar emociones, para comprender causas y consecuencias de las emociones, as√≠ como el afrontamiento constructivo de la mismas; la destreza para gestionar emociones negativas, y para fomentar las emociones positivas; el respeto por las diferencias y la reflexi√≥n sobre los prejuicios (Garaigordobil, 2018b).

Este tipo de programas psicoeducativos pueden aplicarse en la prevención de multitud de problemáticas: bullying y ciberbullying, conductas antisociales, violencia física o psicológica, conductas de riesgo, trastornos del comportamiento, etc.

Trabajo del psicólogo en prevención

La Asociación Americana de Psicología (APA), elaboró entre 2012 y 2013 una serie de directrices que sugieren o recomiendan un comportamiento profesional específico destinado a facilitar el continuo desarrollo sistemático de la profesión y a contribuir a garantizar un alto nivel de práctica profesional:

  • Directriz 1. Se alienta a los psic√≥logos a seleccionar e implementar intervenciones preventivas basadas en la teor√≠a y la evidencia.

Los programas preventivos basados en la teor√≠a y evaluados regularmente son m√°s propensos a considerar factores de riesgo y protecci√≥n que operan en m√ļltiples contextos.

  • Directriz 2. Se alienta a los psic√≥logos a utilizar pr√°cticas preventivas social y culturalmente pertinentes adaptadas al contexto espec√≠fico en que se aplican.

La investigación sugiere que los programas percibidos como social y culturalmente relevantes por sus constituyentes tienen una mayor probabilidad de ser sostenidos. La cultura no se ve como algo a lo que se adaptan las intervenciones, sino que es un conjunto fundamental de cualidades definitorias de la vida comunitaria de las que fluyen las intervenciones.

Los programas de prevenci√≥n que atienden tanto a factores individuales como contextuales son los m√°s ventajosos. Centrarse √ļnicamente en las personas y en el contexto m√°s pr√≥ximo de la familia, puede hacer recaer una responsabilidad y una culpa indebidas en el individuo y en su entorno sin reconocer el papel que desempe√Īan las instituciones sociales y la cultura en la determinaci√≥n y el mantenimiento de resultados humanos positivos.

  • Directriz 3. Se alienta a los psic√≥logos a desarrollar e implementar intervenciones que reduzcan los riesgos y promuevan las fortalezas humanas.

La investigaci√≥n indica que la prevenci√≥n es m√°s beneficiosa cuando los intentos de reducir el riesgo son directos y se combinan con los esfuerzos para crear fortalezas y factores de protecci√≥n. Centrarse √ļnicamente en la creaci√≥n de competencias o en la prevenci√≥n de problemas puede no ser tan eficaz.

  • Directriz 4. Se alienta a los psic√≥logos a incorporar la investigaci√≥n y la evaluaci√≥n como parte integral del desarrollo y la ejecuci√≥n de programas de prevenci√≥n, incluida la consideraci√≥n de los contextos ambientales que inciden en dicha prevenci√≥n.

En todas las etapas del proceso de investigación es importante considerar las interacciones dinámicas entre los entornos biológicos, psicológicos y socioculturales. La investigación epidemiológica puede determinar los objetivos de las intervenciones preventivas; la evaluación de las intervenciones puede determinar los enfoques preferidos que pueden incorporarse en los sistemas de prestación de servicios; la eficacia y la eficiencia de los sistemas de prestación de servicios pueden evaluarse examinando su impacto en la epidemiología.

  • Directriz 5. Se alienta a los psic√≥logos a considerar cuestiones √©ticas en la investigaci√≥n y la pr√°ctica de la prevenci√≥n.

Es importante evaluar los posibles efectos negativos que las intervenciones preventivas pueden tener en los individuos, la comunidad o la sociedad en general. Eliminar el comportamiento sin prestar atención a sus posibles funciones de protección puede conducir a consecuencias negativas para un segmento de la comunidad.

  • Directriz 6. Se alienta a los psic√≥logos a que se ocupen de cuestiones contextuales de disparidad social que puedan servir de base para la pr√°ctica de la prevenci√≥n y la investigaci√≥n.

Reducir las disparidades sociales es esencial para prevenir la mir√≠ada de problemas que generan. Por ejemplo, los ni√Īos que viven en vecindarios desfavorecidos corren el riesgo de tener dificultades de comportamiento en la infancia, incluyendo trastornos de conducta, problemas de salud mental, fracaso acad√©mico y embarazo adolescente. Para los adultos, los que viven en el nivel de pobreza o cerca de √©l tienen una mayor incidencia de trastornos depresivos graves que los que tienen ingresos m√°s altos.

En consonancia con estas consideraciones, se ha destacado la importancia de crear contextos de equidad para mejorar la salud y el bienestar de las personas atendidas por los programas de prevención.

  • Directriz 7. Se alienta a los psic√≥logos a que aumenten su sensibilizaci√≥n, sus conocimientos y sus aptitudes esenciales para la prevenci√≥n mediante la educaci√≥n permanente, la capacitaci√≥n, la supervisi√≥n y la consulta.

La investigación sugiere que la prevención ayuda a reducir la necesidad de intervenciones correctivas. La rehabilitación y la prevención son complementarias entre sí, no en conflicto. La educación de los psicólogos sigue haciendo hincapié en las intervenciones de crisis y los enfoques correctivos, prestando mucha menos atención a la prevención como componente básico de la formación.

  • Directriz 8. Se alienta a los psic√≥logos a participar en intervenciones de cambio sist√©mico e institucional que fortalezcan la salud de las personas, las familias y las comunidades y prevengan el sufrimiento psicol√≥gico y f√≠sico.

Las intervenciones sistémicas pueden realizarse a lo largo de todo el ciclo de vida, pero cuanto antes se produzca la prevención, mayor será la probabilidad de reducir el riesgo y fortalecer los factores de protección. Los programas de prevención sistémica que se centran en el desarrollo de normas comunitarias que promueven conductas de estilo de vida saludables, son eficaces para reducir los problemas sociales.

  • Directriz 9. Se alienta a los psic√≥logos a que informen las deliberaciones sobre las pol√≠ticas p√ļblicas que promueven la salud y el bienestar cuando se dispone de los resultados cient√≠ficos pertinentes en materia de prevenci√≥n.

Los psicólogos están bien situados para educar e informar a los encargados de formular políticas sobre la importancia de la prevención para mejorar la salud y el bienestar.

Los PSIC√ďLOGOS EDUCATIVOS ūüĒć somos especialistas en prevenci√≥n, pero la introducci√≥n de esta herramienta en toda la profesi√≥n ayudar√° a orientar a los psic√≥logos hacia una aplicaci√≥n m√°s amplia de la investigaci√≥n y la pr√°ctica psicol√≥gicas, con el objetivo de responder con mayor eficacia y sensibilidad a las principales necesidades sociales de todas las personas.

J_Arg√ľeso

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